Montenegro se va y dejará una estela difícil de remontar. No es un videíto que exhibe a la ciudad con menos laburo. “La ciudad del sí” resultó una mera expresión de deseos. El coaching y sus modalidades confunden los objetivos.
No se trata de un aporte más a la crisis social y ocupacional que vive la ciudad. No escapa al acumulado ya insertado de la actividad turística y textil, para tomar un contexto más amplio de una cruda realidad, que comprende además a la hotelería y gastronomía. Es irrebatible.
Si la industria de la construcción obedece a una trama mafiosa, como se señaló en reciente conferencia de prensa, donde se aludió al intendente Guillermo Montenegro y su entorno. Los mismos actores que no responden al tratamiento de la crisis que abarca a la pesca y la industria naval.
Si hay algo que se usa como slogan es que Mar del Plata no debe crecer de espaldas al mar sino que debe vivir de cara al mar. Montenegro no sabe ni contesta. Vive un interludio político, intenta ser sosías de Javier Milei con el confort necesario para asegurar su continuidad en la política rentada.
El intendente marplatense no arriesga dar un paso en falso en el tránsito hacia LLA, no permite nada que lo perturbe en ese cometido. El peor de los desenlaces al que puede aspirar la mayor ciudad del interior bonaerense, también la más emblemática, a la hora de los beneficios que otorga la explotación turística.
Si la decisión es que el financiamiento privado, deje de activar la movilidad con aportes genuinos sin la intervención de capitales públicos, este es el camino. Pero Montenegro se abriga en el colosal déficit que arroja bajar la inflación con el tipo de cambio. Se desconoce cuál es el fundamento que arrastra a Mar del Plata quizás a la peor crisis de su historia.
Ese dogma económico que arrastra La Libertad Avanza, abroquela además a los únicos dos concejales que integran el bloque oficialista junto al PRO y la Coalición Cívica. Elisa Carrió aseguró que Karina Milei es la cajera en el Poder Ejecutivo Nacional. La UCR bonaerense también está rascando el paquete, la marginalidad institucional está en la escena.
No sólo los números no cierran, tampoco cuáles son los ejes que encierran permanecer en General Pueyrredon en el bloque oficialista. Este no es un dato menor, cuando se ha comenzado a instalar la trazabilidad mafiosa que domina la conducción política de la ciudad.
Montenegro ni disimula que su partida es inminente. Su desapego y desatención, sumerge la baja calidad e intensidad de su gestión. Hay una manifiesta ausencia del Departamento Ejecutivo en un tema excluyente, que se extiende al Concejo Deliberante.
El oficialismo se fisura y la grieta profundiza la problemática. Imposible de sostener. El rebote de este perjuicio es inexorable, en términos económicos y sociales. Ya no existen espacios ni para las disculpas, ante una situación que es terminal.
Muy posiblemente Montenegro imagine y se sienta cómodo en el ámbito de su futuro político. Es el temor a la tarjeta roja de Karina Milei que finalice con su próxima aventura publica, dándole además beneplácito y militando a Lijo a la Corte Suprema.
No existen otros argumentos para que un frío calculador de la política haya subsistido en el PRO. Máxime cuando el ingeniero Macri se ha despegado de Milei, en términos inexpugnables y absolutos. Ahora hay que competir. ¿Qué camiseta lucirá Montenegro? Deja la amarilla arriesgan y todas la evidencias caminan en ese sentido.