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Faro de Mar del Plata: de ser sitio de memoria a un “bar de gin” en plena ola negacionista

Este 24 de marzo de 2025, a 49 años del inicio de la última dictadura cívico-militar, no es una fecha más. Es la segunda ocasión en que se recuerda, desde que el gobierno de Javier Milei llegó al poder con una fuerte impronta negacionista, y también el primero desde que el Concejo Deliberante de Mar del Plata aprobó la cesión de parte del Faro de la Memoria, un ex centro clandestino de detención y tortura, para la instalación de un bar de gin, por un proyecto del intendente del PRO, Guillermo Montenegro.

La coincidencia no es menor: mientras el gobierno nacional lanza un video que pone el foco en la actividad de los grupos guerrilleros previos al golpe, relativizando así el terrorismo de Estado, en Mar del Plata se concreta la privatización de un sitio emblemático de la memoria con argumentos que niegan su pasado.

Según informan en redes sociales “casualmente” este día comenzaron las obras para la construcción del mencionado “bar de gin”.

El Faro de la Memoria y su historia

Ubicado en la zona sur de Mar del Plata, dentro del predio de la Base Naval, el Faro de la Memoria fue uno de los tantos espacios utilizados por la Armada como centro clandestino de detención y tortura durante la dictadura.

Formaba parte del circuito represivo junto con la Base Naval y la Prefectura, donde fueron secuestradas y desaparecidas personas que luchaban contra el régimen.

Hoy, el Faro es un sitio de memoria, pero su integridad se vio amenazada ya el año pasado, cuando el municipio cedió parte del terreno a una sociedad de fomento que, a su vez, lo entregó a una empresa privada para instalar un bar.

Una encuesta de Zubán Córdoba indagó respecto de las responsabilidades de la inundación de Bahía Blanca. Obra pública, ayuda y más.

La iniciativa fue impulsada por el intendente Guillermo Montenegro (PRO) y aprobada por los concejales de su espacio junto a los de la UCR y La Libertad Avanza. Los defensores del proyecto argumentaron que la parcela cedida “no tenía nada que ver con la dictadura ni con los derechos humanos”, desconociendo los registros de la Armada y la CONADEP que señalan lo contrario.

La polémica llegó incluso a la Justicia, donde la denuncia contra los concejales fue desestimada con el argumento de que el predio del bar y el del Faro de la Memoria eran “inmuebles diferentes”.

A pesar del fallo judicial, la cesión del terreno fue interpretada como un intento de avanzar sobre los espacios de la memoria.

Organismos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares de víctimas denunciaron que se trata de una maniobra para banalizar y deshistorizar un sitio clave para la verdad y la justicia. “Nos duele que en un lugar donde se ha torturado gente, se pueda saborear una copa de gin“, expresó Ana Pecoraro, del Colectivo Faro de la Memoria.

El negacionismo como política de Estado

La venta de parte del Faro de la Memoria no es un hecho aislado, sino parte de una avanzada mayor sobre la memoria histórica que encabeza el gobierno nacional.

Desde su asunción, Javier Milei y su círculo reivindican abiertamente a la dictadura, minimizado el número de desaparecidos y promovido la idea de que el problema central de los años ’70 fueron los grupos guerrilleros, no el terrorismo de Estado.

En este 24 de marzo, el gobierno presentó un video que refuerza esa mirada, omitiendo el accionar represivo del Estado y colocando como centro del debate a Montoneros y el ERP, como si la dictadura hubiese sido una consecuencia inevitable y no un plan sistemático de represión, persecución y exterminio.

El discurso oficial ya no se sostiene en la vieja “teoría de los dos demonios”, que ponía en un mismo nivel a la guerrilla y a la dictadura. Ahora es aún peor, directamente se busca instalar que el único demonio fue la guerrilla, mientras que la dictadura fue un “mal necesario” para restaurar el orden.

La misma lógica es la que usó el intendente Montenegro en Mar del Plata al relativizar la historia del Faro de la Memoria, como si su función como centro de tortura no estuviera debidamente documentada. Y además algo que lleva en la sangre el PRO en su conjunto, “hacer negocios”.

El 24 de marzo en Mar del Plata y la resistencia a la amnesia

En este nuevo Día de la Memoria, Mar del Plata es una de las ciudades donde más se siente la necesidad de recordar. Este año, las movilizaciones no solo exigen justicia por los 30.000 desaparecidos, sino que también denuncian la entrega del predio del Faro. “No es solo un bar, es un intento de borrar nuestra historia”, afirman los organismos locales.

La resistencia no se limita a Mar del Plata. En Buenos Aires y en todo el país, miles de personas marchan para reafirmar el compromiso con la memoria. En un contexto donde el negacionismo avanza con aval institucional, la lucha por recordar y defender los espacios de memoria se vuelve más urgente que nunca.

A 49 años del golpe, la pregunta ya no es solo cómo recordamos el pasado, sino cómo lo defendemos del presente.

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